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La economía teguestera cambió de orientación a partir de la década de los años 60 del siglo XX, cuando, como en otros lugares del Archipiélago canario, la agricultura dejó de constituir la base de la economía insular, para ceder su protagonismo al sector terciario, de los servicios, del turismo y de la construcción. La cercanía de la Villa a las zonas urbanas que atraían población de las zonas rurales y de otras islas facilitó la conservación de la población en su territorio, porque Tegueste aprovechó su ubicación geográfica para incorporarse al nuevo modelo económico sin sufrir el éxodo de población.

Progresivamente, Tegueste no sólo conservó su población, sino que se especializó en recibir residentes procedentes de otros municipios. Sin embargo, en un proceso paralelo al de su conversión en zona residencial, las instituciones han realizado esfuerzos dirigidos a la recuperación de actividades agrícolas tradicionales, a las que se ha aportado la calidad proveniente de una mayor formación de los productores y de la aplicación de nuevas tecnologías, como se observa en el rescate de la producción vitivinícola.