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Tegueste en la historia

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El valle de Tegueste y los territorios que hoy forman parte del municipio circundante de La Laguna -el núcleo central del valle de Aguere y los barrios costeros de Tejina, Valle de Guerra, Bajamar y Punta del Hidalgo- constituían a finales del siglo XV, antes de la conquista castellana, uno de los nueve Menceyatos en que estaba organizado el gobierno de Tenerife por parte de la población aborigen, los guanches. El pueblo guanche ya llamaba Tegueste a esta zona, una palabra que revela su origen, aunque aún su significado es desconocido. Se ha podido establecer el origen bereber de los aborígenes de Tenerife; sin embargo, identificar los datos sobre la procedencia exacta de este pueblo y la forma y los motivos de su traslado e instalación en la Isla todavía es un reto para los investigadores.

Los guanches vivían inmersos en la cultura neolítica, dedicándose a la ganadería y a la recolección de productos de la tierra para garantizar su supervivencia. Las excavaciones arqueológicas demuestran la importancia que tuvo este menceyato como núcleo de población. En "Los Cabezazos", (Barranco Agua de Dios) declarado Zona de Patrimonio Arqueológico, se localizó una necrópolis, cuevas empleadas como habitación y diversos utensilios.

El afán de conquista de los castellanos condujo a una guerra con la que los pueblos del Norte de la Isla rechazaron el empuje decidido de los soldados del reino de Castilla. Tegueste se unió a los menceyatos de Taoro, Tacoronte, Icodem y Daute para enfrentarse a las tropas del Adelantado Alonso Fernández de Lugo, quien sería derrotado en 1494 en la primera batalla de Acentejo -conocida por la de "la matanza"-, y que resultaría vencedor en la batalla de la victoria de Acentejo, en diciembre de 1495. En la culminación de la conquista fue trascendental la sumisión de los menceyes rebeldes ante las tropas de los Reyes Católicos en la primavera de 1496. Quedan noticias de los alzados guanches refugiados en las montañas de Tegueste durante más de veinte años posteriores a su derrota.

La sustitución de la cultura aborigen por la de los conquistadores supuso un cambio social y cultural brusco. Los castellanos se instalaron en Canarias procedentes de una cultura que transitaba desde la Edad Media a la Moderna y en un proceso de expansión atlántica que se convertiría en el germen del capitalismo y de la colonización.

Alonso Fernández de Lugo repartió tierras a través de un sistema de "datas" que concedía a los conquistadores y colonos el derecho de aprovechamiento de tierras, aguas, bosques... Paralela a la conquista fue la evangelización, que supuso el sometimiento de los aborígenes a la Iglesia Católica y la edificación en 1530 del primer templo del municipio.

Los siglos del Antiguo Régimen se sucedieron en Tegueste con la dedicación de sus habitantes a la agricultura y a la ganadería. La regularidad de la vida sólo era rota por dos amenazas: la piratería y la infección de distintas pestes. La lejanía del mar protegió a Tegueste de ambos peligros y hoy los barcos, excepcionalmente convertidos en símbolos de la ausencia de costa, todavía constituyen una expresión paradójica del afortunado destino del pueblo. También fue habitual en aquellos siglos el constante trasiego de gentes que abandonaban su tierra para partir hacia América en busca de un futuro más próspero. Tegueste también fue, por tanto, tierra de emigrantes.

La Revolución Liberal de las Cortes de Cádiz, en 1812, provocó la creación de ayuntamientos constitucionales, de forma que a Tegueste se le asignó el territorio que había estado vinculado a la parroquia. De esta manera, a partir de 1813, comienza la andadura de la Villa de Tegueste como un municipio independiente de La Laguna.

El siglo XIX trajo también la desamortización de Mendizábal, el proceso de "liberación de tierras" de la nobleza y la Iglesia que pasarían bajo control de pocos propietarios, fenómeno facilitado por la fuerte incidencia de la emigración. Al tratarse de terratenientes absentistas, poco interesados en su papel de productores, el desarrollo de la agricultura y de la población quedó frenado. El municipio se mantuvo a través del trabajo de pequeños propietarios, arrendatarios y medianeros de los señores que vivían en otros lugares.

La crisis del modelo condujo a las tensiones sociales y políticas del siglo XX, que culminaron con la proclamación de la II República en 1931 y el estallido y desarrollo de la guerra civil entre 1936 y 1939. La dictadura franquista, instalada desde entonces hasta 1975, finalmente dio paso al sistema democrático, con el que, en 1979, el pueblo de Tegueste recuperó su protagonismo en la dirección de la vida municipal, a partir de las primeras elecciones locales libres.

En la etapa democrática, la conquista de la Autonomía y la incorporación de Canarias a la Unión Europea bajo un estatuto especial constituyen los ejes del nuevo sistema político y de los mecanismos para la promoción del desarrollo que ha alcanzado el municipio, constituido en una de las cuatro poblaciones integrantes del área metropolitana de Tenerife.
 
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